viernes, 4 de junio de 2010

CONCLUSIÓN


DESTRUCCIÓN DEL OZONO
En las décadas de 1970 y 1980, los científicos empezaron a descubrir que la actividad humana estaba teniendo un impacto negativo sobre la capa de ozono, una región de la atmósfera que protege al planeta de los dañinos rayos ultravioleta. Si no existiera esa capa gaseosa, que se encuentra a unos 40 km de altitud sobre el nivel del mar, la vida sería imposible sobre nuestro planeta.
Los estudios mostraron que la capa de ozono estaba siendo afectada por el uso creciente de clorofluorocarbonos (CFC, compuestos de flúor), que se emplean en refrigeración, aire acondicionado, disolventes de limpieza, materiales de empaquetado y aerosoles. El cloro, un producto químico secundario de los CFC ataca al ozono, que está formado por tres átomos de oxígeno, arrebatándole uno de ellos para formar monóxido de cloro. Éste reacciona a continuación con átomos de oxígeno para formar moléculas de oxígeno, liberando moléculas de cloro que descomponen más moléculas de ozono.
Al principio se creía que la capa de ozono se estaba reduciendo de forma homogénea en todo el planeta. En 1985, no obstante, posteriores investigaciones revelaron la existencia de un gran agujero centrado sobre la Antártida; un 50% o más del ozono situado sobre este área desaparecía estacionalmente (a partir del mes de octubre). El adelgazamiento de la capa de ozono expone a la vida terrestre a un exceso de radiación ultravioleta, que puede producir cáncer de piel y cataratas, reducir la respuesta del sistema inmunitario, interferir en el proceso de fotosíntesis de las plantas y afectar al crecimiento del fitoplancton oceánico. Así se sabe que a partir del presente mes en Chile se observa, a partir de las 10.00 1 1.00 p.m., que los rayos de la capa de ozono está incidiendo en las personas humanas que se exponen al sol con unas enfermedades a la piel. Debido a la creciente amenaza que representan estos peligrosos efectos sobre el medio ambiente, muchos países trabajan en el proyecto de suprimir la fabricación y uso de los CFC de aquí al año 2001. No obstante, los CFC pueden permanecer en la atmósfera durante más de 100 años, por lo que la destrucción del ozono continuará representando una amenaza durante décadas.
Aunque las pruebas nucleares atmosféricas han sido prohibidas por la mayoría de los países, lo que ha supuesto la eliminación de una importante fuente de lluvia radiactiva, la radiación nuclear sigue siendo un problema medioambiental. Las centrales siempre liberan pequeñas cantidades de residuos nucleares en el agua y la atmósfera, pero el principal peligro es la posibilidad de que se produzcan accidentes nucleares, que liberan enormes cantidades de radiación al medio ambiente, como ocurrió en Chernobil, Ucrania, en 1986. De hecho, desde la desintegración de la Unión Soviética (URSS), el mundo ha tenido ocasión de comprobar que la contaminación de esa región por accidentes y residuos nucleares es mucho mayor de lo que se pensaba.
Un problema más grave al que se enfrenta la industria nuclear es el almacenamiento de los residuos nucleares, que conservan su carácter tóxico de 700 a 1 millón de años. La seguridad de un almacenamiento durante periodos geológicos de tiempo es, al menos, problemática; entre tanto, los residuos radiactivos se acumulan, amenazando la integridad del medio ambiente.
A raíz del problema en Chernobil la agricultura está dañada y los productos no son consumidos por sus habitantes, sino las envían como donaciones a los países subdesarrollados, como al Perú, cuyos alimentos son utilizados en los comedores populares.
Para el presente año (2000) se pronostica una reducción del ozono de un 5 a 10% en verano.
Una pérdida continuada del 10% del ozono incrementaría en 26% la incidencia del cáncer en la piel, de tipos menos graves que los melanomas.
Una disminución del 1% en la capa de ozono provocaría, a nivel mundial, entre 100 y 150 mil casos más de ceguera derivada de las cataratas.
CHERNOBYL.- El 26 de abril de 1986, uno de los reactores nucleares en Chernobyl, en la ex Unión Soviética, explotó y se encendió, arrojando restos radioactivos a más de dos mil metros de altura sobre grandes porciones del territorio soviético. Después del accidente, más del 100,000 personas tuvieron que ser evacuadas para protegerlas de las precipitaciones radioactivas. Varios meses más tarde, los científicos soviéticos anunciaron que 31 personas habían muerto y 203 hospitalizados con enfermedades producidas por la radiación.
Los efectos del desastre todavía no son claros, pero muchos países han reexaminado sus programas nucleares y muchos otros han puesto énfasis en los programas de seguridad nuclear.
No obstante, debe destacarse que la catástrofe de Chernobyl se debió a fallas técnicas al no construirse las instalaciones de seguridad adecuadas, conforme lo estipulan los tratados internacionales sobre esta materia.

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